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martes, 4 de noviembre de 2014

El valor de la Destrucción



(Del “Diario N°1”, de Krishnamurti. Este Diario fue una de las pocas cosas escritas por el propio puño y lertra de K. Lo demás que existe de Krishnamurti en libros son grabaciones de sus conferencias públicas).



25 de junio de 1961

Al despertar en mitad de la noche, el cuerpo se encontraba perfectamente quieto, extendido sobre su espalda, inmóvil; esta posición debe haberse mantenido por algún tiempo. Ahí estaban la presión y el dolor(1). El cerebro y la mente se hallaban intensamente silenciosos. No existía división alguna entre ellos. Había una intensidad extraña, quieta, como la de dos grandes dinamos trabajando a muy alta velocidad; era una tensión peculiar en la que no había esfuerzo. Existía, con relación a todo esto, un sentido de inmensidad y un poder sin dirección ni causa alguna y, por lo tanto, sin brutalidad, sin crueldad. Y ello prosiguió por la mañana.
Durante casi todo el año pasado, uno solía despertarse para experimentar, en estado de vigilia, lo que había sucedido mientras dormía, ciertos estados del ser. Es como si uno despertara meramente para que el cerebro pudiera registrar lo que había estado sucediendo. Pero, curiosamente, la singular experiencia se desvanecía muy pronto. El cerebro no la había estado guardando era los rollos de la memoria.
Sólo hay destrucción y no cambio. Porque todo cambio es una continuidad modificada de lo que ha sido.
Todas las revoluciones sociales o económicas son reacciones, una continuidad modificada de lo que ha sido. Este cambio no destruye en modo alguno las raíces de las actividades egocéntricas.
La destrucción, en el sentido en que estamos empleando la palabra, carece de motivo: no tiene un propósito, el cual implica una acción con vistas a un fin o resultado. La destrucción de la envidia es total y completa; implica libertad con respecto a la represión, al control, y sin que exista motivo alguno para ello.
Esta destrucción total es posible; radica en ver la estructura completa de la envidia. Este ver no está en el espacio-tiempo sino que es instantáneo.



1-    Se refiere al ‘proceso’ que Krishnamurti experimentó en su cuerpo durante casi toda su vida, como una especial preparación espiritual y celular.






3 comentarios:

  1. Gracias por compartirlo! Muy interesante!
    Mi punto de vista es que si honro mi Ser único como parte Divina de Dios, no queda cabida para la envidia e instantáneamente desaparece si es que alguna ves estuvo.

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  2. Es la primerea vez que encuentro este blog . he visro otro comentario , y los encuentro muy acertados. Muchas gracias Maria

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    1. Me da gusto que te guste... Habrá mas...
      abrazo

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