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sábado, 31 de enero de 2015

La Inteligencia (por K.)



11-09-61.- (Diario1 de K.)

La inteligencia no es la mera capacidad de concebir, recordar y comunicar; es más que eso. Uno puede estar muy informado y ser hábil en un nivel de existencia y completamente torpe en otros niveles. En cuanto a eso, el conocimiento por muy profundo y amplio que pueda ser, no indica necesariamente inteligencia. La capacidad no es inteligencia. La inteligencia es una sensible y lúcida percepción de la totalidad de la vida; la vida con sus problemas, contradicciones, desdichas, alegrías. Darse cuenta de todo esto sin preferencia alguna y sin ser atrapado por ninguno de sus eventos sino fluir con la totalidad de la vida, es inteligencia. Esta inteligencia no es el resultado de influencia alguna ni del medio circundante; no es la prisionera de ninguna de estas cosas y, por lo tanto, puede comprenderlas y así estar libre de ellas. La conciencia es limitada, tanto la evidente como la oculta, y su actividad, por alerta que sea, está confinada dentro de los límites del tiempo; la inteligencia no lo está. La percepción alerta y sensible, sin opciones, de la totalidad de la vida, es inteligencia. Esta inteligencia no puede ser usada para obtener ganancia o provecho de ninguna especie, sea en lo individual o en lo colectivo. Esta inteligencia es destrucción y, por tanto, la forma no significa nada y la reforma es una regresión. Sin destrucción, todo cambio es una continuidad modificada. La destrucción psicológica de todo lo que ha sido, no el mero cambio exterior, eso e esencialmente inteligencia. Sin esta inteligencia toda acción conduce a la confusión y a la desdicha. El dolor es la negación de esta inteligencia.
La ignorancia no es la falta de conocimiento sino la falta del conocimiento de sí mismo; sin el conocimiento de sí mismo no hay inteligencia. El conocimiento de sí mismo no puede acumularse como conocimiento; el aprender es de instante en instante. No es un proceso aditivo; en el proceso de acumular, de sumar, se forma un centro, el centro del conocimiento, de la experiencia. En este proceso, positivo o negativo, no existe el comprender, porque en tanto haya una intención de acumular o de resistir, el movimiento del pensar y del sentir no pueden comprenderse, no hay conocimiento de sí mismo. Sin el conocimiento de sí mismo no hay inteligencia. Ese conocimiento es presente activo, no es un juicio; todo juicio acerca de uno mismo implica una acumulación, una evaluación a partir de un centro de experiencia y conocimiento. Es este pasado el que impide la comprensión del presente activo. En la acción de conocerse uno a sí mismo, hay inteligencia.

           


            (Inteligencia: No es una actividad mental, como se suele interpretar, sino una facultad que proviene de Buddhi).






La Paz… (Krishnashi)


10-09-1961.- (Diario 1, de K.)

Es una mañana sin una sola nube; el sol parece haber desterrado todas las nubes de la escena. Hay paz excepto por el rugir del tráfico, que prosigue aun en domingo. Las palomas se calientan sobre los tejados de zinc y son casi del mismo color que éstos. No corre un soplo de aire, aunque se está agradablemente fresco.
 Hay una paz que está más allá del pensamiento y el sentimiento. No es la paz del sacerdote, ni la del político, ni la de aquel que la busca. La paz no es para ser buscada. Lo que se busca ya debe ser conocido y lo que se conoce nunca es lo real. La paz no es para el creyente o para el filósofo que se especializa en teorías. No es una ‘reacción’, una respuesta contraria a la violencia. No tiene opuesto, todos los opuestos deben cesar, debe cesar el conflicto de la dualidad. La dualidad existe, luz y oscuridad, hombre y mujer, etc., pero de ningún modo es necesario el conflicto entre los opuestos. El conflicto entre los opuestos surge únicamente cuando hay deseo, el compulsivo apremio por realizar, el deseo sexual, la exigencia psicológica de seguridad. Sólo entonces hay conflicto entre los opuestos; escapar de los opuestos -apego y desapego- es buscar la paz mediante la iglesia o la ley. La ley puede dar y, de hecho, da un orden superficial; la paz que ofrecen la iglesia y ‘el tiempo’ es una fantasía, un mito hacia el cual puede escapar una mente que está confusa. Pero esto no es paz. El símbolo, la palabra deben ser destruidos, no destruidos con el fin de tener paz, sino que deben ser hechos pedazos porque son un impedimento para la comprensión. La paz no es algo que esté en venta, un artículo de canje. El conflicto en todas sus formas debe cesar, y entonces tal vez ‘eso’ esté ahí. Tiene que haber ‘negación total’, el cese de las urgencias internas, de los deseos; sólo entonces el conflicto llega realmente a su fin. En ese vacío hay un nacer. Toda la estructura interna de resistencia y seguridad debe desvanecerse y desaparecer; únicamente entonces adviene el vacío. Sólo en este vacío hay paz, una paz cuya virtud no tiene precio ni significa una ganancia.
Temprano en la mañana estaba ahí, llegó con el sol en un cielo claro y opaco; era algo maravilloso pleno de belleza, ‘una bendición’ que nada pedía, ni sacrificio, ni discípulos, ni virtud, ni rezos secretos. Estaba ahí en plenitud y sólo una mente y un corazón plenos podían recibirla. Estaba más allá de toda medida.





lunes, 26 de enero de 2015

La limitación del pensamiento. (por K.)



8-9-1961.- (Diario 1, de K.)

Las estrellas aún pueden verse en esta bien iluminada ciudad, y hay otros sonidos fuera del estrépito del tráfico -el arrullo de las palomas y el piar de los gorriones-; hay otros olores además de los gases de monóxido: el olor de las hojas del otoño y el perfume de las flores. Esta mañana temprano había unas pocas estrellas en el cielo y nubes blanquecinas, y con ellas advino ese intenso penetrar en la profundidad de lo desconocido. El cerebro estaba quieto, tan quieto que podía oír el más tenue ruido, y estando quieto -y por tanto incapaz de interferir- había un movimiento que comenzaba en ninguna parte y continuaba, a través del cerebro, penetrando en desconocidas profundidades donde las palabras pierden su significado. Pasaba rápidamente por el cerebro y proseguía más allá del tiempo y del espacio. Uno no está describiendo una fantasía, un sueño, una ilusión, sino un hecho real que tenía lugar, pero lo que tenía lugar no es la palabra ni la descripción. Había una energía abrasadora, una vitalidad explosiva e instantánea, y con ella advino este penetrante movimiento. Era como un viento tremendo, acopiando potencia y furia a medida que pasaba embistiendo, destruyendo, purificando, dejando un inmenso vacío. Había una completa y lúcida percepción de la cosa total, y una gran fuerza y belleza; no la fuerza y la belleza que son fabricadas, sino las de algo que era completamente puro e incorruptible. Ello duró, por el reloj, diez minutos, pero fue algo incalculable. El sol surgió en medio de una gloria de nubes fantásticamente vivas y profundas en su color. El estrépito de la ciudad aún no había comenzado y las palomas y gorriones estaban fuera…

Qué curiosamente superficial es el cerebro… Por sutil y profundo que sea el pensamiento(1), nace no obstante de la superficialidad. El pensamiento está atado al tiempo y el tiempo es mezquino; esta mezquindad es la que pervierte el «ver». El ver(2) es siempre instantáneo, como el ‘comprender’, y el cerebro, que es un producto del tiempo, impide el ver y lo pervierte. Tiempo y pensamiento son inseparables; si se pone fin a uno se le pone fin al otro. El pensamiento no puede ser destruido por la voluntad, porque la voluntad es pensamiento en acción. El pensamiento es una cosa y el centro desde el cual proviene el pensamiento, es otra. El pensamiento es la palabra y la palabra es la acumulación de la memoria, de la experiencia. Sin la palabra, ¿existe el pensamiento? Hay un movimiento que no es la palabra y que no pertenece al pensamiento; puede ser descrito por el pensamiento pero no es el pensamiento. Este movimiento adviene mando el cerebro está quieto pero activo (alerta), y el pensamiento jamás puede buscarlo y encontrarlo.
El pensamiento es memoria, y la memoria es una acumulación de respuestas; por lo tanto, el pensamiento está siempre condicionado por mucho que pueda imaginar que es libre. El pensar es mecánico, está amarrado al centro de su propio conocimiento. La distancia que abarca el pensar depende del conocimiento, y el conocimiento es siempre el residuo del ayer, del movimiento que ya no existe. El pensamiento puede proyectarse hacia el futuro pero está sujeto al pasado. El pensamiento construye su propia cárcel y vive en ella, tanto si está en el futuro como en el pasado, sea una cárcel dorada o una cárcel ordinaria. El pensamiento jamás puede estar quieto, porque su misma naturaleza es la inquietud, siempre embistiendo, siempre aislándose. La maquinaria del pensar está en permanente movimiento, ruidosa o silenciosamente, en la superficie o en lo recóndito. No puede acabar consigo misma. El pensamiento puede refinarse, puede controlar sus divagaciones; puede escoger su propia dirección y adaptarse al medio.
El pensamiento no puede ir más allá de sí mismo; puede funcionar en campos estrechos o amplios pero siempre estará dentro de las limitaciones de la memoria, y la memoria es siempre limitada. La memoria debe morir psicológicamente, internamente, y funcionar tan sólo en lo externo (es decir, cumplir con una función práctica). Internamente debe haber muerte y externamente sensibilidad a cada reto y respuesta. Cuando el pensamiento se ocupa de lo interno, impide la acción(3).




1-      El pensamiento: Cuando K. habla del ‘pensamiento’ casi siempre se refiere a la respuesta mecánica de la memoria. Es decir que el pensamiento es para K. la actividad del cerebro condicionado por los archivos de la memoria, es decir que no existe “creación” verdadera en el pensamiento sino tan solo respuestas y expresiones de ‘lo conocido’. El pensamiento es mecánico y repetitivo en la gran mayoría de las personas.
Puede, sin embargo existir un “pensamiento creador”, luminoso y original, que no sea repetición y mecanicidad, y este fluye cuando Buddhi (la Inteligencia Total) hace impacto en un cerebro quieto, es decir, en una mente vacía y silenciosa…

2-      El “ver” verdadero es Buddhi en actividad en la conciencia.


3-      ‘La acción’ es entendida por K. como aquello que está libre de la respuesta mecánica y reactiva de la memoria. Toda respuesta mecánica, condicionada, no es acción sino ‘reacción’. La “acción” es un fluir desde ‘lo desconocido’ (desde ‘La Presencia’, diría Eckhart Tolle).




La meditación, ‘ser nadie’…


7-9-1961.- (Diario 1, de K.)

Qué importante es para el cuerpo estar por un largo tiempo en un solo lugar; este constante viajar, cambiar de clima, de casas, afecta al cuerpo; éste debe adaptarse, y durante el periodo de adaptación nada muy «serio» puede ocurrir. Y entonces uno debe partir otra vez… Todo esto significa una prueba para el cuerpo. Pero esta mañana, al despertar temprano antes de que el sol se hubiera levantado, cuando ya amanecía, y a pesar del cuerpo, ‘la fuerza’ estaba ahí con su intensidad. Es curioso el modo en que el cuerpo reacciona a ‘ella’; éste nunca ha sido perezoso, si bien a menudo se fatiga; pero esta mañana, aunque el aire era frío, el cuerpo se tornó, o más bien quiso estar, activo. Es sólo cuando el cerebro se halla quieto, no dormido o pesado sino sensible y alerta, que «lo otro» puede presentarse. Ello fue algo enteramente inesperado esta mañana, porque el cuerpo está adaptándose todavía al nuevo ambiente. (Se refiere a París, donde K. había llegado hacía poco).
El sol apareció en un cielo claro; uno no podía verlo porque se interponían muchas chimeneas, pero su resplandor llenó el firmamento; y las flores sobre la pequeña terraza parecieron cobrar vida y su color se tornó más brillante e intenso. Era una bella mañana llena de luz y el cielo se tornó de un azul maravilloso. La meditación incluía ese azul y esas flores; formaban parte de la meditación, se movían a través de ella; no eran una distracción. No hay distracción realmente, porque la meditación no es concentración; esta última excluye, interrumpe, resiste y, por lo tanto, implica conflicto. Una mente meditativa puede concentrarse, lo que entonces no es una exclusión, una resistencia; pero una mente concentrada no puede meditar.
Es curioso lo altamente importante que se vuelve la meditación; para ella no hay un fin ni hay un comienzo. Es como una gota de lluvia; en la gota están todos los arroyos, los grandes ríos, los mares y las cascadas; esa gota alimenta a la tierra y al hombre; sin ella la tierra seria un desierto. Sin la meditación, el corazón se vuelve un desierto, una tierra desolada. La meditación tiene su propio movimiento; uno no puede dirigirla, moldearla o forzarla; si lo hace, ello deja de ser meditación. Este movimiento cesa si uno es meramente ‘un observador’, si uno es ‘el experimentador’. La meditación es el movimiento que destruye al observador, al experimentador(1); es un movimiento que está más allá de todo símbolo, pensamiento y sentimiento. Su rapidez no puede medirse.

Estaban las nubes cubriendo el cielo y  tenía lugar una batalla entre ellas y el viento, y el viento estaba triunfando. Había una gran extensión de azul, muy azul, y las nubes aun extraordinarias, llenas de luz y oscuridad, y esas del Norte parecían haber olvidado el tiempo pero el espacio les pertenecía. En el parque [el Campo de Marte] el suelo estaba cubierto por las hojas del otoño, que también llenaban el pavimento. Era una mañana clara, fresca, y las flores lucían espléndidas en sus colores estivales. Más allá de la inmensa, alta y abierta torre [la Torre Eiffel] -la principal atracción- pasaba una procesión funeraria, el féretro y el coche fúnebre recubierto con flores y seguido por muchos automóviles… Aun en la muerte querernos ser importantes, no hay fin para nuestra presunción y vanidad. Todos quieren ‘ser alguien’ o estar relacionados con alguno que sea «alguien». Desean el poder y el éxito, grande o pequeño, y quieren ser reconocidos. Sin el reconocimiento, carecen de significación; desean ser reconocidos por los muchos o por aquel que domina. El poder es siempre respetado y, por lo tanto, se lo convierte en respetable. El poder es siempre maligno, ya sea manejado por el político, por el santo, o por la esposa sobre el marido. Por muy maligno que sea, todos lo anhelan con vehemencia, y aquellos que lo poseen desean tener más.
Ese coche fúnebre con esas alegres flores al sol parece tan lejano; y ni siquiera la muerte pone fin al poder, porque éste continúa en otro… Es la antorcha del mal que continúa de generación en generación. Pocos pueden rechazarla amplia y libremente, sin mirar hacia atrás; ellos no tienen recompensa. La recompensa es el éxito, la aureola del reconocimiento.
Cuando no se es reconocido, cuando el fracaso ha sido olvidado hace mucho tiempo, cuando ha cesado todo esfuerzo y conflicto y uno es nadie, entonces adviene una bendición que no es de la iglesia ni de los dioses del hombre. Los niños jugaban y daban voces cuando el coche fúnebre pasó junto a ellos y ni siquiera lo miraron, absortos en su juego y en sus risas.



1-      El experimentador: O ‘el observador’, o ‘el meditador’, etc., es el ‘yo’: un centro que experimenta y acumula la experiencia en forma de memoria. Es el yo psicológico (o ‘ego inferior’, aunque K. nunca emplea ese término).




miércoles, 21 de enero de 2015

No hay ‘sendero’ hacia la verdad. (Krishnamurti)


6-9-1961.- (Del “Diario N°1”, de Krishnamurti)

Temprano en la mañana, el sol apenas comenzaba a mostrarse entre las nubes, y el cotidiano estrépito del tránsito no había empezado todavía; estaba lloviendo y el cielo era de un gris oscuro. En la pequeña terraza disminuía el golpeteo de la lluvia y soplaba una fresca brisa. Estando uno ahí a cubierto, mientras observaba una franja del río y las hojas otoñales, advino «lo otro», llegó como un relámpago(1) y permaneció por un rato para volver a irse. Es extraño lo muy intenso y real que ello ha llegado a ser. Era tan real como esos altos tejados con centenares de chimeneas. Hay en ello una singular fuerza impulsora; es fuerte a causa de su pureza, tiene la fuerza de la inocencia que nada puede corromper. Y eso era una bendición.
Para el descubrimiento(2), el conocimiento es destructivo. El conocimiento siempre está en el tiempo, en el pasado; nunca puede traer libertad. Pero el conocimiento es necesario para actuar, para pensar, y sin la acción la existencia no es posible. Pero por sabia que sea la acción, por noble y virtuosa, no abrirá las puertas a la verdad.
No hay sendero hacia la verdad; ella no puede ser comprada mediante ninguna acción ni por ninguna sutileza del pensamiento. La virtud es solamente orden en un mundo desordenado, y debe haber virtud, la cual es un movimiento de no-conflicto. Pero nada de esto abrirá la puerta a esa inmensidad. La totalidad de la conciencia debe vaciarse de todo su conocimiento, de sus actividades y su virtud; no vaciarse a si misma con un propósito, para ganar, para realizar, para ‘llegar a ser’... Ella debe permanecer vacía aunque esté funcionando en el cotidiano mundo del pensamiento y la acción. Es desde este vacío que deben surgir el pensamiento y la acción. Pero este vacío no abrirá la puerta. No debe haber puerta ni intento alguno de llegar. No debe haber un centro en este vacío, porque este vacío no tiene medida; es el centro el que mide, pesa, calcula. Este vacío(3) está fuera del tiempo y del espacio; está más allá del pensamiento y el sentimiento. Adviene tan silenciosamente, tan recatadamente como el amor; no tiene principio ni fin. Está ahí, inmutable e inmensurable.




1-    ‘Un relámpago’: Es una palabra a veces empleada por K. para designar esa experiencia o vivencia interior de “lo otro” cuando llega. “Lo otro” o “Aquello” como también le llamaba K., es ‘la bendición de lo Desconocido’, de lo inconmensurable, de la inmensidad innominable… El mundo de las palabras y de los símbolos no pueden describirlo, debido a que ‘eso’ está más allá de la mente cerebral, más allá del pensamiento. Es por este motivo que, para poder expresar algo de ese “perfume”, K. a menudo suele volverse casi un poeta…, (especialmente en su Diario, como queda demostrado en cada publicación…).
“El relámpago” es una manera de expresar la forma repentina y sin aviso en que un gran destello de Buddhi  puede presentarse. A este destello luminoso lo califica como “una bendición” y como “una fuerza impulsora”.
Este principio interior en todo ser humano está presente en forma latente, pero despierta como “PRESENCIA” tangible en las almas maduras, las cuales lo viven como algo cada vez más real (tal cual lo afirma K. en este escrito).
2-    El verdadero “descubrimiento” es ver más allá de la forma, más allá de la apariencia, y eso no lo puede hacer la actividad del pensamiento, sino solo Buddhi (o bien Buddhi-Atma). Solo un destello de Buddhi produce el Ver, el ‘darse cuenta’, la auténtica comprensión…


3-    En el “vacío” de la mente puede expresarse la luz de Buddhi; eso que los cristianos llaman “Cristo” en el hombre. (Pero, claro está, que la palabra ‘Cristo’ debe sacarse del contexto religioso dogmático y antropomórfico, como suele verse. Cristo es el Buddhi universal, y en la constitución del ser humano es el 6° principio interior, siendo el 7°: “Atma”, el Ser o Espíritu Absoluto.) En todos los casos…, no hay que confundir el ‘entendimiento intelectual’ con ‘la experiencia directa’…




lunes, 19 de enero de 2015

Dos palomas…


(Del ‘Diario N°1’, de Krisnamurti)

5-09-61.-

(…) Hay dos palomas que han hecho su nido bajo el tejado de pizarra al otro lado del patio. La hembra entra primero y después, lentamente, con gran dignidad el macho la sigue, y durante toda la noche permanecen allí. Esta mañana salieron temprano, primero el macho y después la hembra; extendieron las alas, compusieron sus plumas y se tendieron aplastándose contra el frío tejado. Pronto, como desde ninguna parte, llegaron otras palomas, una docena de ellas; se posaron alrededor de estas limpiándose las plumas, arrullándose, empujándose las unas a las otras de un modo amistoso. Después, súbitamente, todas se fueron volando excepto las primeras dos. El cielo estaba cargado de densas nubes, pero lleno de luz en el horizonte donde había una larga veta de cielo azul…

La meditación no tiene comienzo ni tiene fin; en ella no hay logro ni fracaso, no hay acumulación ni renunciamiento; es un movimiento que carece de finalidad y, por tanto, está más allá y por encima del tiempo y del espacio. Experimentar la meditación es negarla, porque ‘el experimentador’(1) está atado al tiempo y al espacio, a la memoria y al reconocimiento. La base fundamental de la verdadera meditación es ese estado pasivo de lúcida percepción que consiste en la libertad total con respecto a la autoridad y la ambición, la envidia y el temor. La meditación no tiene sentido ni significación alguna sin esta libertad, sin el conocimiento de uno mismo; en tanto haya opción, no habrá conocimiento de si mismo. La opción implica conflicto, el cual impide la comprensión de ‘lo que es’.
Perderse en alguna fantasía, en ciertas creencias románticas, no es meditación; el cerebro debe despojarse de todo mito, de toda ilusión y seguridad, y enfrentarse a la realidad de que todas esas cosas son falsas. Entonces no hay distracción, todo está dentro del movimiento de la meditación. La flor es la forma, el perfume, el color y la belleza que constituye la totalidad de la flor. Si uno la rompe en pedazos, de hecho o verbalmente, entonces no hay flor, sólo un recuerdo de lo que ha sido, el cual nunca es la flor. La meditación es toda la flor en su belleza, marchitándose y viviendo.




1-      ‘El experimentador’: Es el ‘yo’, ese centro psicológico que acumula experiencia. Tal centro no existe verdaderamente, es decir, no es “verdadero”, sino que existe mientras hay energía de ‘identificación’ con el tiempo, la forma y la experiencia…




sábado, 17 de enero de 2015

‘Esa Bendición’ está aquí…

4-9-1961. (Diario 1 de Krishnamurti)

Bajar desde los valles y las altas montañas y penetrar en una grande, ruidosa y sucia ciudad, afecta el cuerpo. Era un hermoso día cuando salimos cruzando por valles profundos, montes y cascadas, hacia un lago azul y anchas carreteras. Fue un cambio violento pasar del lugar aislado, pacifico, a una ciudad estrepitosa de día y de noche, a un aire caliente y pegajoso. Por la tarde, mientras uno miraba quietamente sentado los altos de las casas, observando la forma de los tejados y sus chimeneas, muy inesperadamente ‘esa bendición’, esa fuerza, la cualidad de «lo otro»(1) advino con suave resplandor; llenó la habitación y permaneció en ella. Está ‘aquí’, mientras esto se escribe…




1-      “Lo otro”: Es una de las maneras de como K. se refería a “lo inmensurable”, a ‘La Presencia indescriptible’… Le llamaba “lo otro” por que es una manera de ‘no describir’ aquello que está más allá del plano del pensamiento, más allá de toda descripción. ‘Lo Inconmensurable’ no se puede encerrar en los límites de un concepto, en el terreno del pensamiento. Todo lo que intente describir a Lo Desconocido, a “lo otro”, entra en el plano de ‘lo conocido’ (de la forma, del pensamiento), y es un absurdo, ‘un imposible’… Ninguna palabra o símbolo puede ser realmente fiel de lo que está más allá de toda palabra y símbolo. Por eso, cuando se trata de la Verdad, de la Esencia,  todas las descripciones ‘se quedan cortas’…

Cuanto más ‘presencia de verdad’ hay en la conciencia, más imposibilidad existe para describirlo. (Sin embargo, a través del medio del arte, de la música, de la poesía…, cuando hubo inspiración por el contacto con ‘la Vida pura’, algo del ‘perfume’ puede llegarnos…).