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lunes, 11 de enero de 2016

La belleza del Misterio… y la profunda aceptación


Párrafos del libro “Tao, los tres tesoros”, sobre pláticas de Osho

Pregunta: Dices que soy ‘vacío’. Desde que estoy aquí estoy empezando a sentir mi propio centro. ¿Cómo puede existir un centro en el vacío…?

Respuesta: No puedo explicarte cómo, o por qué. Es un hecho simple. Igual que la ciencia dice que H2O es agua –dos partes de hidrógeno y una de oxígeno, y la combinación es agua. No puedes preguntar por qué. ¿Por qué no tres partes de hidrógeno, una parte de oxígeno…? ¿Por qué no cuatro partes de oxígeno, una parte de hidrógeno…? ¿Por qué H2O, por qué no de otra forma…? La ciencia se encogerá de hombros, dirá: “No lo sabemos; es como es”.
Sí, tu ser interno es un vacío, y sin embargo, existe un centro… En la India, en verano, hay ciclones, remolinos de aire. Ve a mirar cuando se haya ido el remolino: ha movido todas las partículas de polvo que había alrededor, pero justo en el centro no hay alteración. Incluso en el remolino existe un centro, incluso en el vacío existe un centro. Uno se encuentra con ello, es un hecho de la existencia, no tiene ‘cómo’…

Es absurdo que exista un centro en el vacío; es ilógico, irracional. Pero la vida es irracional y hay que aceptar la vida. No hay que forzar a la vida en ninguna forma a que acepte tu lógica o razón.
Sucede todos los días en la ciencia. Cuando Einstein dijo por primera vez que todo es relativo, que incluso el tiempo es relativo, todo el viejo mundo de la ciencia se alteró. La gente empezó a preguntar ¿‘cómo’?, ¿‘por qué’? Einstein dijo que hay una cosa muy absurda –si un viajero va de viaje al espacio infinito en un vehículo que se mueve más rápido que la velocidad de la luz (más de trescientos mil kilómetros por segundo), a tal velocidad, si tu hijo se va de viaje al espacio, y regresa después de 25 años, seguirá teniendo la misma edad. Se fue con 25 años y volverá con 25 años. Sus amigos tendrán 50 años aquí en la Tierra, pero él tendrá aún la misma edad. La gente empezó a preguntar “¿Cuál es la lógica?” Einstein dijo: “No puedo decir cuál es la lógica, pero es así”.
A una velocidad tan tremenda no puedes envejecer. Es como el agua evaporándose a 100 grados. Eso es todo. A una velocidad tan tremenda no puedes envejecer, permanecerás igual. Y aún más absurdo: si puedes duplicar la velocidad, regresarás más joven que cuando te fuiste. Si te fuiste con 25 años y regresas después de 10 años, tendrás 10 años. Irás hacia atrás en el tiempo. Porque Einstein dijo: “el envejecer depende de la velocidad, de la velocidad de la Tierra. La Tierra se mueve a una velocidad determinada y de esa velocidad depende tu envejecimiento”. Es imposible de creer, porque contradice toda lógica…
Luego los físicos penetraron la materia y de pronto un día encontraron que no hay materia. Así que tuvieron que decir que la materia está compuesta de vacío, tuvieron que decir que la materia no es otra cosa que ‘vacío denso’. Esto parece ilógico. ¿Cómo va a ser denso el vacío? ¿Cómo va a estar creada de ‘vacío denso’ esta columna…? Pero ahora la ciencia dice que es así. Y la naturaleza y la existencia no siguen nuestra lógica, tienen sus propios caminos, y no podemos imponerle nuestra lógica; nuestra lógica tendrá que ceder a sus caminos…

Lo mismo sucede con el espacio interno. La lógica dice: ¿Cómo va a existir un centro en el vacío…?
La vida es ilógica. Estás aquí. ¿Tienes alguna lógica para decir por qué estás aquí? Si no estuvieras aquí, ¿podrías preguntar por qué no estabas aquí? Las cosas simplemente ‘son’. Nada se puede exigir; nada se puede plantear, nada se puede pedir. Cuando creces en la conciencia de que las cosas simplemente son, entonces surge una profunda aceptación; entonces, incluso si son ilógicas, las aceptas, no luchas, ‘flotas’; ni siquiera nadas; simplemente estas en un estado de dejarte ir… Y poco a poco se revelan más y más misterios. Por eso la religión dice que “la vida es un misterio”, no un problema. Un problema puede ser resuelto, pero un misterio nunca puede ser resuelto; cuanto más lo resuelves, más misterioso se vuelve; cuanto más lo conoces, más sientes que hay que conocerlo: cuanto más te acercas, más sientes que estás lejos…
Piensa en un mundo donde todos los misterios estuviesen resueltos ¡qué aburrido sería! Piensa en un mundo que fuese absolutamente lógico, racional, matemático ¡qué aburrido y monótono sería! Entonces no habría posibilidad de poesía, no habría posibilidad de amor, ni de ninguna meditación…

Meditación es entrar en ‘el misterio’; amor es llamar a la misma puerta de forma diferente; oración es también ‘permitir el misterio’, y no luchar contra él con la mente.
Todo es hermoso porque es misterioso y no puedes llegar a su fondo. Analiza si quieres analizar…, pero todos los análisis crearán más problemas, más misterios; la respuesta, ‘la respuesta final’, no se puede encontrar. Y es bueno que no se pueda encontrar. Si se encuentra, ¿entonces qué…? Entonces se ha perdido todo el significado y la importancia…

Para mi esto es ser religioso…, decir: “sí, es así”…, aceptar “lo que es”…





viernes, 8 de enero de 2016

El arte de ‘mirar’ sin miedo



De “El vuelo del águila”

Pláticas de Jiddu Krishnamurti en países europeos.


…Recuerdo que una vez -si se me permite relatar un caso que sirve de ejemplo- un hombre muy rico vino a vernos y dijo: “Soy muy, muy serio, y estoy interesado en lo que usted dice y deseo resolver todo mi ‘esto y lo de más allá’…” -ustedes saben, las tonterías de que habla la gente.
Le dije: “muy bien, señor, investiguemos eso”, y hablamos. Volvió varias veces, y después de la segunda semana vino y me dijo: “tengo sueños horribles, espantosos, y me parece ver que todo lo que me rodea desaparece, que todas las cosas se van”…; y añadió: “probablemente eso es el resultado de inquirir dentro de mí mismo y veo el peligro que eso representa”. Desde entonces, no volvió más.
Todos queremos estar a salvo, seguros en nuestro pequeñito mundo el mundo del “orden bien establecido” que es desorden, el mundo de nuestras relaciones particulares que no deseamos que se perturben -la excluyente y estrecha relación entre marido y mujer, en la que hay desdicha, desconfianza, temor, peligro, celos, ira, dominio...
Existe una manera de mirar dentro de nosotros mismos sin miedo, sin peligro; es el mirar sin condenación ni justificación, simplemente el mirar, sin interpretar, sin juzgar, sin evaluar. Para ello la mente ha de estar ansiosa de aprender mediante la observación de lo que realmente ‘es’. ¿Qué peligro hay en “lo que es”? Los seres humanos son violentos; eso es en realidad “lo que es”, y el peligro que han provocado en el mundo es el efecto de esta violencia, es el resultado del miedo. ¿Qué hay de peligroso en observarlo y en tratar de extirpar completamente ese miedo, de tal manera que podamos crear una sociedad diferente con diferentes valores?
Hay gran belleza en la observación, en ver las cosas como son, psicológica, internamente; lo cual no quiere decir que uno acepte las cosas como son, ni tampoco que las rechace o desee alterar “lo que es”, porque la misma percepción de “lo que es” genera su propia mutación. Pero uno debe conocer el arte de “mirar” y el arte de “mirar” nunca es introspectivo o analítico, sino que consiste, simplemente, en observar, sin opción alguna…


Más allá del pensamiento...



Del “Diario n°1”,  de Jiddu Krishnamurti.

Día  13-10-1961.-  

El cielo es claro, el pequeño bosque al otro lado del camino está lleno de luz y sombras. Temprano en la mañana, antes de que el sol surgiera sobre la colina, cuando el amanecer todavía estaba sobre la tierra y no había automóviles subiendo por la ladera, la meditación era inagotable. El pensamiento siempre es limitado, no puede ir muy lejos porque está arraigado en la memoria, y cuando va lejos se torna meramente especulativo, imaginativo, carente de validez. El pensamiento no puede encontrar lo que está más allá de sus propias fronteras de tiempo; el pensamiento está atado al tiempo. El pensamiento desenredándose a sí mismo, desembarazándose de la red de su propia hechura, no es el movimiento total de la meditación. El pensamiento en conflicto consigo mismo no es meditación; la meditación es el cese del pensamiento y el comienzo de lo nuevo. El sol trazaba diseños sobre la pared, los automóviles venían remontando la colina y pronto los obreros estarían silbando y cantando en la nueva construcción al otro lado del camino.
El cerebro no tiene descanso, es un instrumento asombrosamente sensible. Está siempre recibiendo impresiones, interpretándolas, almacenándolas; jamás se halla quieto, ni cuando está despierto ni cuando duerme. Su preocupación es la supervivencia y la seguridad, las heredadas respuestas animales; sobre las bases de éstas se construyen sus astutas invenciones internas y externas; sus dioses, sus virtudes, sus moralidades son sus defensas; sus ambiciones, deseos, compulsiones y adaptaciones son los instintos de supervivencia y seguridad. Siendo altamente sensible, el cerebro con su maquinaria del pensamiento comienza a cultivar el tiempo, los ayeres, el hoy y los múltiples mañanas; esto le brinda una oportunidad de postergación y realización; la postergación, el ideal y la realización son su propia continuidad. Pero en esto siempre hay dolor; de esto deriva el escape hacia la creencia, el dogma, la actividad y las múltiples formas de entretenimiento, incluidos los rituales religiosos. Pero siempre está la muerte con su temor; el pensamiento busca entonces bienestar y escape en creencias racionales e irracionales, en esperanzas, en conclusiones. Las palabras y las teorías se vuelven pasmosamente importantes, se vive en función de ellas y se construye toda la estructura de la existencia sobre los sentimientos que despiertan dichas palabras y conclusiones.
El cerebro y su pensamiento funcionan en un nivel muy superficial, por muy profundamente que el pensamiento pueda creer que ha viajado. Porque el pensamiento, por mucho que haya experimentado, por hábil y erudito que sea, es superficial. El cerebro y sus actividades constituyen un fragmento de la totalidad de la vida; el fragmento se ha vuelto completamente importante para sí mismo y para su relación con otros fragmentos. Esta fragmentación y las contradicciones que engendra constituyen su misma existencia; el pensamiento no puede comprender la totalidad, y cuando intenta formular la totalidad de la vida, él únicamente puede pensar en términos de opuestos y reacciones que tan sólo engendran conflicto, confusión y desdicha.
El pensamiento jamás puede comprender o formular la totalidad de la vida. Sólo cuando el cerebro y su pensamiento están completamente quietos, no dormidos ni drogados por la disciplina, la compulsión o la hipnosis; sólo entonces, existe la lúcida percepción de ‘lo total’. El cerebro, que es tan asombrosamente sensible, puede permanecer inmóvil, inmóvil en su sensibilidad, amplia y profundamente atento pero completamente quieto. Cuando el tiempo y su medida cesan, sólo entonces existe lo total, lo incognoscible.







miércoles, 6 de enero de 2016

Meditación: Un fuego sin tiempo…



12-10-1961.-  (Del “Diario n°1”,  de Krishnamurti)

El cielo estaba amarillo con el sol poniente, y el oscuro ciprés y el gris olivo eran sobrecogedoramente hermosos; más abajo, el sinuoso río se veía dorado. Era un anochecer espléndido, pleno de luz y silencio. Desde esa altura uno podía ver la ciudad en el valle, la cúpula y el hermoso campanario, y el río que atravesaba en curvas la ciudad. Bajando la pendiente y los escalones, uno sentía la gran belleza del anochecer; había poca gente, y los excéntricos, bulliciosos turistas, habían pasado temprano por allí, siempre parloteando, tomando fotos y escasamente viendo cosa alguna. El aire estaba perfumado, y a medida que el sol se ponía, el silencio se tornaba profundo, rico e insondable. Sólo desde este silencio existe el ‘ver’, el verdadero ‘escuchar’, y desde este silencio advino la meditación, aunque el pequeño automóvil descendía ruidosamente la curva carretera dando innumerables topetazos. Había dos pinos romanos contra el cielo amarillento y, aunque uno los había visto a menudo con anterioridad, era como si nunca hubieran sido vistos; la colina suavemente inclinada era de un gris plateado por la presencia del olivo, y en todas partes se veía el oscuro ciprés solitario…
 La meditación era explosiva, no algo cuidadosamente planeado, tramado y preparado con un determinado propósito. Era una explosión que no dejaba ningún remanente del pasado. Ella hacia estallar el tiempo, y el tiempo ya nunca más necesitaba detenerse. En esta explosión todo era sin sombra, y ver sin sombra es ver más allá del tiempo. Era un anochecer maravilloso, pleno de humor y espacio. La ciudad ruidosa con sus luces y el tren que corría suavemente, se hallaban dentro de este vasto silencio cuya belleza estaba en todas partes.
El tren, yendo hacia el sur [de regreso a Roma] estaba atestado con muchísimos turistas y hombres de negocios; fumaban sin cesar y comieron pesadamente cuando se sirvió la comida. El campo estaba hermoso, lavado por la lluvia, fresco, y no se veía una nube en el cielo. Sobre las colinas había antiguos pueblos amurallados, y el lago de tantos recuerdos estaba azul, sin una sola onda; el rico país cedía al suelo pobre y árido, y las granjas parecían menos prósperas, los pollos estaban más flacos, no había ganado en los alrededores y se veían pocas ovejas. El tren corría velozmente, tratando de recuperar el tiempo que había perdido. Era un día maravilloso, y ahí, en ese compartimento lleno de humo, con pasajeros que apenas si miraban hacia afuera por la ventanilla, ahí estaba «lo otro»(1). Toda esa noche estuvo ahí con tanta intensidad que el cerebro sentía su presión. Era como si en el centro mismo de toda la existencia ello estuviera operando en su pureza e inmensidad. El cerebro observaba, como estaba observando la escena que pasaba velozmente, y en este mismo acto él fue más allá de sus propias limitaciones. Y durante la noche, en singulares momentos, el meditar era un fuego de explosión.



      1- “Lo Otro”: Esta denominación, como también “Aquello” o “Ello”,  eran términos utilizados por Krishnamurti para referirse a “la bendición de lo desconocido”, ‘la esencia’, o también: “lo atemporal”.
No lo nombraba de ninguna manera que pudiese ser ‘cristalizado’ por el pensamiento, es decir, reducido a un mero símbolo mental…





jueves, 31 de diciembre de 2015

La transformación radical en el mundo


Del libro “Vivir de instante en instante”
Conferencias de J. K. en Bangalore, en 1948.


…En las últimas pláticas hemos considerado la importancia de la acción individual, que no es opuesta a la acción colectiva. El individuo es el mundo; él es a un tiempo la raíz y el resultado del proceso total, y sin la transformación del individuo no puede haber transformación radical en el mundo.

Lo importante, por consiguiente, no es la acción individual en oposición a la acción colectiva; sino el comprender que la verdadera acción colectiva sólo puede surgir por obra de la regeneración individual.
Es importante comprender la acción individual, que no es opuesta a lo colectivo. Porque lo individual, después de todo -vosotros y vuestro prójimo- forman parte de un proceso total; el individuo no es un proceso separado, aislado. Vosotros, en suma, sois el producto de la humanidad en su conjunto, aunque estéis condicionados por el clima, la religión y la sociedad.

Sois el proceso total del hombre, y por lo tanto, cuando os comprendéis a vosotros mismos como proceso total -no como proceso separado, opuesto a la masa o a lo colectivo- mediante esa comprensión de vosotros mismos puede haber una transformación radical.


La Virtud nace del Vacío



(Del “Diario N°1”, de Krishnamurti)

Día 7-10-1961.-

Había comenzado a llover y el cielo estaba cargado de nubes; antes de que estuviera completamente cubierto, nubes inmensas llenaban el horizonte, y era algo maravilloso verlas, tan vastas, tan pacificas, con la paz de un poder y una fuerza enormes. Y las colinas de la Toscana se hallaban muy cerca de esas nubes aguardando su furia. Ésta llegó durante la noche estallando en truenos y relámpagos que mostraban a cada hoja vibrante de viento y de vida. Era una noche espléndida, plena de tormenta, vida e inmensidad. Toda la tarde «lo otro» había estado presente en el automóvil y en la calle. Estuvo ahí la mayor parte de la noche y esta mañana temprano mucho antes del amanecer, cuando la meditación se abría paso en desconocidas profundidades y alturas; ahí estaba con furia insistente. La meditación se rindió a «lo otro». Ello estaba ahí, en la habitación, en las ramas de ese enorme árbol del jardín; estaba ahí con un poder tan increíble que los mismos huesos parecían presionar a través de todo el ser inmovilizando completamente el cuerpo y el cerebro. Había estado ahí toda la noche en una forma benigna y suave, y el sueño se tornó en algo muy liviano, pero a medida que el alba se aproximaba, ello se convirtió en un poder quebrantador, penetrante. El cuerpo y el cerebro estaban muy alertas, escuchando el crujir de las hojas y viendo la llegada del amanecer a través de las oscuras ramas de un alto y erguido pino. Había en ello una gran dulzura y belleza que estaban más allá y fuera de todo pensamiento y emoción. Estaba ahí, y con ello había una bendición.

La fuerza no es el opuesto de la debilidad; todos los opuestos engendran ulteriores opuestos. La fuerza no es un evento de la voluntad, y la voluntad es acción siempre contradictoria. Existe una fuerza que no tiene causa, que no es el producto de múltiples decisiones. Es esa fuerza que hay en la negación; esa fuerza que nace de la madura y total soledad. Es esa fuerza que adviene cuando han cesado completamente todo esfuerzo y conflicto. Está ahí cuando llegan a su fin todo pensamiento y sentimiento y solamente existe el ver. Está ahí cuando la ambición, la codicia, la envidia han cesado sin compulsión alguna, marchitándose con la comprensión. Esa fuerza existe cuando el amor es muerte y la muerte es vida. La esencia de esa fuerza es humildad.
¡Qué fuerte es la hoja recién nacida en primavera, tan vulnerable, tan fácil de destruir! La vulnerabilidad es la esencia de la virtud. La virtud nunca puede resistir el oropel de la respetabilidad y la vanidad del intelecto. La virtud no es la continuidad mecánica de una idea, de un pensamiento dentro del hábito. La fuerza de la virtud radica en que ésta es fácilmente destruida para renacer de nuevo cada vez. Fuerza y virtud van juntas porque ninguna de las dos puede existir sin la otra. Ambas pueden sobrevivir únicamente en el vacío.





martes, 1 de septiembre de 2015

Un ‘ver’ desde el vacío…


(Del “Diario N°1”, de Krishnamurti)
Día 8-10-1961.-

Había estado lloviendo todo el día; los caminos estaban fangosos, en el río había más agua pardusca y la pequeña cascada estaba metiendo más bulla. Era una noche tranquila, una invitación A las lluvias que no habían parado un momento hasta tempranas horas de la mañana. Y súbitamente salió el sol, y hacia el oeste el cielo estaba y lavado por la lluvia, con esas enormes nubes plenas de luz y esplendor. Era una bella mañana, y mirando hacia el oeste, con el cielo tan intensamente azul, desaparecieron todo pensamiento, toda emoción, y sólo existía ‘un ver desde el vacío’.

Antes del amanecer, la meditación era una inmensa apertura en lo desconocido. Nada puede abrir la puerta, salvo la destrucción completa de lo conocido. La meditación es comprensión explosiva. No hay comprensión sin el conocimiento de uno mismo; aprender acerca de sí mismo no es acumular conocimientos al respecto; la acumulación de conocimientos impide el ‘aprender’; el aprender no es un proceso aditivo; el aprender es de instante en instante, como lo es el comprender. Este proceso total del aprender es la cualidad explosiva que hay en la meditación.