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lunes, 1 de diciembre de 2014

Si luchas contra el ego, fracasarás…



¿Puede el ego matarse?

            No, porque no existe. Para matarse o suicidarse es necesario que esté allí. Déjame explicarlo de otra forma. ¿Puede matarse una sombra…? No…, porque una sombra no existe. Si tú te suicidas, si te cortas la cabeza, entonces la sombra no tendrá cabeza. Simplemente te sigue. El ego es solo una sombra.
Intenta comprender que el ego no es substancial: el ego es solo como una sombra. Cuando el cuerpo se mueve, se crea una sombra, una sombra física; cuando se mueve la mente, se crea una sombra mental, esa sombra mental es el ego…
            En la antigüedad se rumoreaba que siempre que un hombre de convertía en Buda (se iluminaba), su cuerpo no proyectaba ninguna sombra. Esto debe haber sido simbólico, pero es muy significativo. No significa que no se proyecta ninguna sombra cuando Buda caminaba por el sendero; la sombra se proyecta, pero en el interior no se proyecta ninguna sombra. Él se mueve, trabaja, hace cosas, pero ‘el hacedor’ no surge (no existe un ‘alguien’, un ‘yo’, que actúe, la sombra mental del yo ya no está allí). Así es como la sombra no surge. Así es como la sombra no se proyecta. Si es necesario, incluso piensa, pero ‘el pensador’ no surge, así es como la sombra no se proyecta. Vive, pero no es un manipulador, un controlador; fluye, su vida es una espontaneidad, Ni siquiera nada, simplemente flota en el río. No empuja el río, simplemente se permite a sí mismo dejarse ir. Es un “dejar ser la ser”. Flota. Deja que el río lo haga todo, (no hay nadie que se atribuya la autoría de las acciones, por que el sí mismo, la yoidad, ha desaparecido); el ego ha desaparecido y la sombra no se proyecta.

            No luches directamente contra el ego. Si lo haces, fracasarás, porque nadie puede luchar directamente con la sombra.

(El deseo mismo de luchar contra el ego proviene desde la misma sombra autoproyectadaEs como el perro tratando de atrapar su propia cola; corre en círculos, da mil vueltas, y cae exhausto, sin éxito. También es comparable a quien camina en un desierto rumbo a un oasis que divisó a la distancia…; y cuando llega, solo hay arena, el oasis no existe, era un espejismo, una ‘sombra’ a lo lejos. ¡Cuánta energía gastada en caminar hacia el oasis, y este no existía!!).

            ¿Qué hacer, entonces…?

            Comprende profundamente, que en tu interior eres un “no-ser”; toma más y más conciencia de tu cavidad interior, ‘el vacío’, y de pronto un día encontrarás que el ego te ha dejado. De hecho, encontrarás que nunca ha estado ahí, que tenías una concepción falsa, que tenías una ilusión…



(Excepto la letra mas chica, el texto fue extraído del libro:
 “TAO, los tres tesoros”, de Osho)




Un gato llamado “Ego”



            El ego siempre quiere ser extraordinario, alguien especial, único, incomparable; ese es el deseo anhelante del ego (un deseo exteriorizado u oculto, pero es esa la ambición del ego). Si te puedes convertir en un Rockefeller, bueno; si puedes convertirte en un Hitler, bueno; y si no puedes convertirte en Rockefeller o en Hitler, entonces renuncia al mundo y piensa en convertirte en un Buda. Pero hazte alguien, alguien especial, un fenómeno histórico. (…)
            Ser ordinario (en cambio), es el mas extraordinario estado del ser, por que el ego se disuelve. Pero cuidado: El ego es sutil. Si te deshaces de él en una dirección, llega por la otra; si lo expulsas por una puerta, entras en la habitación y está sentado en el trono. Ha entrado por otra puerta. Antes que ni siquiera entres tú, él ya está allí.

           
            Tuve un amigo que tenía un gatito, un gato muy hermoso, y me preguntó qué nombre debería ponerle. Yo llamé al gato “Ego”, porque el gato es astuto, y el ego, por supuesto, es muy astuto. No hay nada como un gato para la astucia. Así que llamamos a su gato “Ego”.
            Poco a poco se hartó. Era un hombre solitario, soltero, sin mujer ni hijos, y siempre quería estar solo, pero el gato era una molestia continua. Dormía, y el gato saltaba sobre su pecho, o entraba a la casa con marcas de sangre en sus garras porque cazaba ratones continuamente, y destrozaba el respaldo de las sillas y desgarraba sus ropas. Así que era un problema para él; y para un soltero que nunca se había preocupado por nadie, el gato era demasiado similar a una esposa.
            Me preguntó qué hacer. Este “Ego” se había convertido en un problema; así que le dije: “El ego es siempre un problema. Échalo”.
            Él dijo: “Pero el gato se conoce todos los caminos de la ciudad; volverá”.
            Yo le dije: “Vete al bosque”. Así que se fue al bosque para que el gato no pudiese encontrar el camino a casa. Penetró más y más en el bosque, y ¡se perdió!!. Entonces sólo había una cosa que hacer: soltó al gato, le siguió, y volvió a casa. Esa era la única forma; no había nadie más a quien preguntar. El gato volvió recto como una flecha, sin dudar ni un solo momento el camino a seguir.
            Así que le dije: Tu gato tiene la cualidad del ego completamente. No puedes echarlo fácilmente; siempre que vas a echarlo, cuando vuelves a casa, él ya está allí. O a veces puede que te pierdas, y entonces tendrás que seguirle, porque solo él conoce el camino…
            El ego es muy sabio –sabio en su astucia. (Siempre se las ingenia para prevalecer). Lao Tse no da al ego ningún punto de apoyo, ningún terreno que pisar, así que no habla de “iluminación”.
           
           
De libro: “Tao: Los tres tesoros”, de Rajneesh (Osho)