Translate

Mostrando entradas con la etiqueta AQUELLO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AQUELLO. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2015

En la cavidad del corazón…



En la cavidad del corazón,
situado dentro del cue
rpo,
vive un no-nacido eterno.

La tierra es su cuerpo; mora dentro de la tierra
pero la tierra no le conoce.
El agua es su cuerpo; mora dentro del agua, pero el agua no le conoce.
La luz es su cuerpo; mora dentro de la luz, pero la luz no le conoce.
El aire es su cuerpo; mora dentro del aire, pero el aire no le conoce.
El cielo es su cuerpo; mora dentro del cielo, pero el cielo no le conoce.
La mente es su cuerpo; mora dentro de la mente, pero la mente no le conoce.
El intelecto es su cuerpo; mora dentro del intelecto,
pero el intelecto no le conoce.
El ego es su cuerpo; mora dentro del ego pero el ego no le conoce.
La mente que razona es su cuerpo; mora dentro de la mente que razona,
pero la mente que razona no le conoce.
Lo inmanifestado es su cuerpo; mora dentro de lo inmanifestado,
pero lo inmanifestado no le conoce.
Lo indestructible es su cuerpo; mora dentro de lo indestructible,
pero lo indestructible no le conoce.
La muerte es su cuerpo; mora dentro de la muerte,
pero la muerte no le conoce.

Es el Yo más interior de todos esos elementos,
no tiene pecados,
y es el único y divino Dios
, Narayana (1)
el sustentador de todos los seres humanos.
(…)

(Párrafo extraído del “ADHYATMA UPANISHAD”)

 


1- Narayana: (Palabra de idioma sánscrito). Significa “El que se mueve sobre las aguas” del Espacio. Representa al Espíritu Divino o Espíritu Santo que se mueve sobre las Aguas de La Creación. A las aguas se les ha llamado ‘naras’ porque fueron producción de “Nara”, el Espíritu Divino, nacido de sí mismo (o bien, ‘no-nacido’); ‘ayana significa “movimiento”. De allí que Narayana signifique “El Espíritu Divino que se mueve sobre las aguas”. (Glosario Teosófico).





martes, 25 de noviembre de 2014

“Aquello”



(‘Diario N°1’, de Krishnamurti)
7 de agosto, 1961.

Uno estaba fatigado después de la plática y de las entrevistas con la gente, y hacia el anochecer salimos a dar un corto paseo. Después de un día brillante se estaban concentrando nubes y llovería durante la noche. Las nubes rodeaban las montañas y el torrente hacía mucho ruido. El camino estaba polvoriento a causa de los automóviles, y al otro lado del torrente había un estrecho puente de madera. Lo cruzamos y subimos por un sendero de hierba, y la verde ladera estaba toda cubierta de flores e intensamente coloreada. El sendero subía suavemente hasta pasar un cobertizo para vacas, pero éste se hallaba vacío; el ganado había sido llevado a pastar más arriba. Ahí en lo alto todo era muy tranquilo, no había nadie, pero estaba el ruido del impetuoso torrente. ‘Aquello’(1) llegó calladamente, con tanta suavidad, tan próximo a la tierra, entre las flores, que uno no se dio cuenta. Se extendía cubriendo la tierra, y uno estaba en ello, no como un observador sino que era parte de ello. No había pensamiento ni sentimiento, el cerebro se hallaba absolutamente quieto. De pronto estaba ahí, una inocencia muy simple, clara. Era una pradera de inocencia más allá de todo placer y dolor, más allá de toda la tortura de la esperanza y la desesperación. Estaba ahí, y hacía que la mente, que todo el ser de uno fuera inocente; uno era parte de ello, más allá de toda medida, más allá de la palabra; la mente era toda transparencia y el cerebro era intemporalmente joven. Ello continuó por algún tiempo y ya era tarde y teníamos que regresar.
Esta mañana, al despertar, pasó un rato antes de que esa inmensidad llegara, pero ahí estaba y el pensamiento y el sentimiento fueron aquietados. Mientras uno se lavaba los dientes, la intensidad de ello era aguda y clara. Llegó tan súbitamente como se fue, nada puede sujetarlo y nada puede atraerlo.
‘El proceso’ ha sido algo agudo y el dolor penetrante.



1-    “Aquello” y “lo otro”, o “ello”,  eran términos utilizados por Krishnamurti para referirse a “la bendición de lo desconocido”, a ‘la esencia’, o también: “lo atemporal”.

No lo nombraba de ninguna manera que pudiese ser ‘cristalizado’ por el pensamiento, en la memoria…